Frankenstein
Frankenstein Estas palabras me tranquilizaron. Estaba del todo convencido de que Justine, es más, cualquier otro ser humano, era inocente de este crimen. Por tanto, no temÃa que se pudiera presentar ninguna prueba contundente que bastara para condenarla. Con esta confianza, me calmé, y esperé el juicio con interés, pero sin sospechar ningún resultado negativo.
Elizabeth pronto se reunió con nosotros. El tiempo habÃa producido en ella grandes cambios desde que la vi por última vez. Seis años atrás era una joven bonita y agradable, a la cual todos querÃan. Ahora se habÃa convertido en una mujer de excepcional hermosura. La frente, amplia y despejada, indicaba gran inteligencia y franqueza. Sus ojos de color miel denotaban ternura, mezclada ahora con la pena de su reciente dolor. El pelo era de un brillante castaño rojizo, la tez clara y la figura menuda y grácil. Me saludó con el mayor afecto.