Frankenstein
Frankenstein —Soy —dijo— la prima del pobre chiquillo asesinado, mejor dicho: soy su hermana, pues fui educada por sus padres y vivo con ellos desde mucho antes de que William naciera. Quizá por ello pueda no resultar decoroso que declare en esta ocasión. Pero ante la posibilidad de que la cobardÃa de sus supuestos amigos hunda a un ser humano, me veo obligada a hablar en su favor. Conozco bien a la acusada. Hemos vivido bajo el mismo techo primero durante cinco años y después durante dos. En todo ese tiempo, siempre se mostró la más bondadosa y amable de las criaturas. Cuidó con el mayor afecto y devoción a mi tÃa, la señora Frankenstein, durante su última enfermedad. Luego tuvo que atender a su propia madre, también enferma durante largo tiempo, y lo hizo con una abnegación que admiró a todos los que la conocÃamos. Fallecida su madre, regresó de nuevo a casa de mi tÃo, donde todos la queremos. SentÃa un especial cariño por la criatura ahora muerta y la trataba como una madre. Por mi parte, no tengo la más mÃnima duda de que, a pesar de todas las pruebas en su contra, es absolutamente inocente. No tenÃa motivos para hacerlo; y en cuanto a la minucia que constituye la prueba principal, de haberla pedido, con gusto se la hubiera regalado, tanto es el cariño que hacia Justine siento.