Frankenstein
Frankenstein No intentaré explicar lo que sentí. Había experimentado ya antes sensaciones de horror, las cuales me he esforzado por describir, pero no existen palabras que definan la nauseabunda desesperación de aquel momento. El funcionario entonces añadió que Justine ya había confesado su culpabilidad.
—Lo cual apenas era necesario —añadió— en un caso tan evidente. Pero me alegro; a ninguno de nuestros jueces le gusta condenar a un criminal por pruebas circunstanciales, por decisivas que parezcan.
Cuando regresé a casa, Elizabeth me preguntó ansiosamente por el resultado.
—Querida prima —contesté—, han decidido lo que ya esperábamos. Todos los jueces prefieren condenar a diez inocentes antes de que se escape un culpable. Pero ella ha confesado.
Para Elizabeth, que había creído firmemente en la inocencia de Justine, esto fue un duro golpe.