Frankenstein

Frankenstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cruzamos el puente de Pelissier, donde el barranco formado por el río se abrió ante nosotros, y empezamos a ascender por la montaña que lo limita. Poco después entramos en el valle de Chamonix, más imponente y sublime, pero menos hermoso y pintoresco que el de Servox, que acabábamos de atravesar. Los altos montes de cumbres nevadas eran sus fronteras más cercanas. Desaparecieron los castillos en ruinas y los fértiles campos.

Inmensos glaciares bordeaban el camino; oímos el ruido atronador de un alud desprendiéndose y observamos la neblina que dejó a su paso. El Mont Blanc se destacaba dominante y magnífico entre los picos cercanos, y su imponente cima dominaba el valle. Durante el viaje, a veces me unía a Elizabeth, y me esforzaba por señalarle los puntos más hermosos del paisaje. A menudo obligaba a mi mula a rezagarse para así poder entregarme a la tristeza de mis pensamientos. Otras veces espoleaba al animal para que adelantara a mis compañeros, y así olvidarme de ellos, del mundo y casi de mí mismo. Cuando los dejaba muy atrás, me tumbaba en la hierba, vencido por el horror Y la desesperación. Llegué a Chamonix a las ocho de la noche. Mi padre y Elizabeth se hallaban muy cansados; Ernest, que también había venido, estaba entonado y alegre, y su estado de ánimo sólo se veía turbado por el viento sureño que prometía traer consigo lluvia al día siguiente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker