Frankenstein
Frankenstein Bien, son éstas lamentaciones vanas; sé que no encontraré amigo alguno en el vasto océano, ni siquiera aquí, en Arkángel, entre mercaderes y hombres de mar. Sin embargo, incluso en estos rudos corazones laten algunos sentimientos, extraños a la escoria de la naturaleza humana. Mi lugarteniente, por ejemplo, es un hombre de enorme valor e iniciativa, empecinado en su afán de gloria. Es inglés, y, aunque lleno de prejuicios nacionales y profesionales, jamás limados por la educación, retiene algunas de las más preciosas cualidades humanas. Lo conocí a bordo de un ballenero, y, al saber que se encontraba en esta ciudad sin trabajo, no tuve ninguna dificultad para persuadirlo de que me ayudara en mi aventura.