Frankenstein
Frankenstein Pero no eran del todo dichosos. El joven y su compañera con frecuencia se retiraban, y parecían llorar. No comprendía la causa de su tristeza; pero me afectaba profundamente. Si seres tan hermosos eran desdichados, no era de extrañar que yo, criatura imperfecta y solitaria, también lo fuera. Pero ¿por qué eran infelices aquellas gentes tan bondadosas? Tenían una agradable casa (pues así me parecía) y todas las comodidades; tenían un fuego para calentarlos del frío y deliciosa comida con que saciar su hambre; vestían buenos trajes, y, lo que es más, disfrutaban de su mutua compañía y conversación, intercambiando a diario miradas de afecto y bondad. ¿Qué significaba su llanto? ¿Expresaban sus lágrimas dolor? No podía, al principio, responderme a estas preguntas, pero el tiempo y una sostenida observación me explicaron muchas cosas que a primera vista parecían enigmáticas.