Frankenstein
Frankenstein Entretanto, la oscura tierra se iba cubriendo de verdor, salpicado de innumerables flores de dulce aroma y maravillosa vista, como estrellas que brillaban con delicado color a la luz de la luna. El sol fue calentando más, y las noches se hicieron claras y suaves. Mis paseos nocturnos me causaban enorme placer, a pesar de que se vieron acortados por las tardÃas puestas de sol y el temprano amanecer. Nunca me atrevÃa a salir durante el dÃa, temeroso de recibir el mismo trato que en la primera aldea en la que estuve.
Pasaban los dÃas prestando la máxima atención, para poder dominar el idioma con la mayor brevedad posible. Puedo presumir de que aprendÃa a más velocidad que la muchacha árabe, que entendÃa muy poco y hablaba con acento entrecortado, mientras que yo comprendÃa todo y podÃa reproducir casi todas las palabras.