Frankenstein

Frankenstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Él permaneció despierto largo rato, conversando con su padre. Por las numerosas veces que repetían su nombre supuse que hablaban de la hermosa huésped. Me hubiera gustado entenderlos, y presté gran atención, pero me resultó del todo imposible.

A la mañana siguiente Félix marchó a su trabajo; y, cuando terminaron las tareas cotidianas de Agatha, la muchacha árabe se sentó a los pies del anciano, y, cogiendo su guitarra, tocó unos aires de tan conmovedora belleza, que al punto me hicieron derramar lágrimas de tristeza y admiración. Cantó, y su voz era modulada y rica en cadencias, como la del ruiseñor.

Cuando hubo terminado, le dio la guitarra a Agatha, que en un principio se mostró reacia a tomarla. Luego tocó una sencilla tonadilla. También cantó, con dulce voz, pero muy distinta de la maravillosa modulación de la extranjera. El anciano estaba embelesado, y dijo algo que Agatha intentó explicarle a Safie. Parecía quererle decir que con su música le producía un gran placer.

Los días pasaban ahora con la misma tranquilidad que antes, con la sola diferencia de que la alegría había sustituido a la tristeza en el rostro de mis amigos. Safie estaba siempre alegre y contenta. Ambos progresamos en la lengua con rapidez, de modo que al cabo de dos meses empecé a entender la mayoría de las cosas que decían mis protectores.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker