Frankenstein
Frankenstein Safie contó que su madre era una árabe convertida, a la cual habían capturado y esclavizado los turcos; destacando por su hermosura, había conquistado el corazón del padre de Safie, que la tomó por esposa. La muchacha hablaba en términos muy elogiosos de su madre, que, nacida en libertad, despreciaba la sumisión a la que se veía reducida. Instruyó a su hija en las normas de su propia religión, y la exhortó a aspirar a un nivel intelectual y una independencia de espíritu prohibidos para las mujeres mahometanas. Esta mujer murió, pero sus enseñanzas estaban muy afianzadas en la mente de Safie, que enfermaba ante la idea de volver a Asia y encerrarse en un harén[67], con autorización solamente para entregarse a diversiones infantiles, poco acordes con la disposición de su espíritu, acostumbrado ahora a una mayor amplitud de pensamientos y a la práctica de la virtud. La idea de desposar a un cristiano y vivir en un país donde las mujeres podían ocupar un lugar en la sociedad la llenaba de alegría.
Se fijó el día para la ejecución del turco, pero, la noche antes, se escapó de la prisión, y por la mañana se hallaba a muchas leguas de París. Félix se había procurado salvoconductos a nombre suyo, de su padre y hermana. Anteriormente le había comunicado su plan a su padre, que colaboró en la fuga abandonando su casa, bajo excusa de un viaje, pero ocultándose con su hija en una apartada zona de París.