Frankenstein
Frankenstein Pocos días más tarde, el turco entró en la habitación de su hija y, atropelladamente, le comunicó que tenía razones para creer que su presencia en Livorno había sido descubierta y que estaba a punto de ser entregado a las autoridades francesas. En consecuencia había fletado un navío que, rumbo a Constantinopla, zarparía en pocas horas. Pensaba dejar a su hija al cuidado de un criado fiel, para que, con más tranquilidad, le siguiera con el resto de los bienes que aún no habían llegado a Livorno.
Cuando Safie se vio sola, reflexionó sobre el plan de acción que mejor convenía seguir en esta situación de emergencia. Odiaba la idea de vivir en Turquía; sus sentimientos y religión se oponían a ello. Por algunos documentos de su padre que cayeron en sus manos, supo del exilio de su prometido y el nombre del lugar donde residía. Durante algún tiempo estuvo indecisa, pero finalmente tomó una determinación. Cogiendo algunas joyas que le pertenecían y una pequeña suma de dinero, abandonó Italia, acompañada de una sirvienta, natural de Livorno, que sabía turco, y se dirigió a Alemania.