Frankenstein
Frankenstein Solía descansar por el día y viajar de noche, cuando la oscuridad me protegía de cualquier encuentro. Sin embargo, una mañana, viendo que mi ruta cruzaba un espeso bosque, me atreví a continuar mi viaje después del amanecer; era uno de los primeros días de la primavera, y la suavidad del aire y la hermosa luz consiguieron animarme. Sentí revivir en mí olvidadas emociones de dulzura y placer que creía muertas. Medio sorprendido por la novedad de estos sentimientos, me dejé arrastrar por ellos; olvidé mi soledad y deformación, y me atreví a ser feliz. Ardientes lágrimas humedecieron mis mejillas, y alcé los ojos hacia el sol agradeciendo la dicha que me enviaba.