Frankenstein
Frankenstein ¿Y dónde está ahora? ¿Se ha perdido para siempre este ser tan dulce y hermoso? ¿Ha perecido esta mente tan repleta de pensamientos, de magníficas y caprichosas fantasías que formaban un mundo cuya existencia dependía de la vida de su creador? ¿Existe ahora sólo en mi recuerdo? No, no puede ser; aquel cuerpo, tan perfectamente modelado, que irradiaba hermosura, se ha descompuesto, pero su espíritu sigue alentando y visitando a su desdichado amigo.
Perdóneme usted este arranque de dolor; estas pobres palabras son tan sólo un insignificante tributo a la inapreciable valía de Henry, pero calman mi corazón, tan angustiado por su recuerdo. Continuaré mi relato.
Dejamos Colonia y descendimos a las llanuras de Holanda, donde decidimos continuar por tierra el resto del viaje, pues el viento era desfavorable y la corriente del río demasiado lenta para ayudarnos.