Frankenstein
Frankenstein —Entonces pienso que lo hemos visto, pues el día antes de recogerlo a usted vimos unos perros tirando de un trineo, en el cual iba un hombre.
Esto despertó la atención del extranjero, e hizo múltiples preguntas acerca de la dirección que había tomado aquel demonio, como él le llamó. Al poco rato, cuando se hallaba solo conmigo, dio:
—Sin duda he despertado su curiosidad, así como la de esta buena gente, aunque es usted demasiado discreto como para hacerme ninguna pregunta.
—Sería impertinente e inhumano por mi parte él molestarlo con ellas[15].
—Y no obstante —prosiguió—, me rescató usted de una extraña y peligrosa situación. Usted me ha devuelto generosamente la vida.
Poco después de esto quiso saber si yo creía que el hielo, al resquebrajarse, habría destruido el otro trineo. Le contesté que no podía responderle con ninguna certeza, ya que el hielo no se había roto hasta cerca de medianoche, y el viajero podía haber llegada a algún lugar seguro con anterioridad. Me era imposible aventurar juicio alguno.