Frankenstein
Frankenstein Sabes bien, Víctor, que desde nuestra infancia tus padres han acariciado la idea de nuestra unión. Nos la comunicaron siendo nosotros muy jóvenes, y nos enseñaron a esperar esto como algo que con toda seguridad se llevaría a cabo. Fuimos siempre buenos compañeros de juegos durante nuestra niñez y creo que a medida que crecimos nos convertimos, el uno para el otro, en estimados y apreciados amigos. Pero ¿no podría ser el nuestro el mismo caso que el de los hermanos que, aun cuando sienten un gran cariño, no desean una unión más íntima entre sí? Dímelo, querido Víctor. Contéstame, te lo ruego en nombre de nuestra mutua felicidad, con franquea: ¿quieres a otra mujer?