Frankenstein
Frankenstein ¿Te rÃes del entusiasmo que demuestro respecto a este divino nómada? Si fuera asÃ, debes haber perdido esa inocencia que constituÃa tu encanto caracterÃstico. Pero, si quieres, sonrÃete ante el calor de mis alabanzas, mientras yo sigo encontrando —mayores razones para ellas de dÃa en dÃa.
19 de agosto de 17…
Ayer el extranjero[17] me dijo:
—Fácilmente habrá podido comprobar, capitán Walton, que he padecido grandes y singulares desventuras. Una vez decidà que el recuerdo de estos males morirÃa conmigo, pero usted me ha inducido a cambiar mis propósitos. Busca usted el conocimiento y la sabidurÃa, como me sucedió a mà antaño; deseo con fervor que el fruto de sus ansias no se convierta para usted en una serpiente que le muerda, como me ocurrió a mÃ. No creo que el relato de mis desventuras le sea útil, pero, si quiere, escuche mi historia. Pienso que los extraños sucesos a ella vinculados pueden proporcionarle una visión de la naturaleza humana que amplÃe sus facultades y conocimientos, y le descubrirá poderes y sucesos que usted ha estado acostumbrado a creer imposibles. Pero no dudo de que a lo largo de mi relato se pruebe la evidencia interna de la veracidad de los sucesos que lo componen.