Frankenstein
Frankenstein Como te puedes imaginar, me halagó mucho la confianza que depositaba en mÃ, pero me dolÃa que él reavivara sus sufrimientos contándome sus desventuras. Estaba ansioso por escuchar la narración prometida, en parte por curiosidad y en parte por un deseo de aliviar su suerte, caso de que esto estuviera en mi mano, y asà se lo expresé en mi respuesta.
—Le agradezco su amabilidad —me contestó—, pero es inútil; mi sino casi se ha cumplido. Espero sólo un acontecimiento y luego descansaré en paz. Comprendo lo que siente —continuó al advertir que querÃa interrumpirlo—, pero está confundido, amigo mÃo, si asà me permite llamarle. Nada puede alterar mi destino. Escuche mi relato y verá cuán irrevocablemente está determinado.
Me dio entonces que empezarÃa su narración al dÃa siguiente, cuando yo estuviera más libre. Esta promesa provocó mi más profundo agradecimiento. Me he propuesto escribir cada noche, cuando no esté ocupado, lo que me haya contado durante el dÃa, empleando en lo posible sus propias palabras. De estarlo, al menos tomaré algunas notas. Sin duda este manuscrito te proporcionará gran placer. ¡Y con qué interés y simpatÃa lo leeré yo algún dÃa en el futuro! ¡Yo, que lo conozco y que lo oigo de sus propios labios![18]