Frankenstein
Frankenstein —¿Está usted loco, amigo mÃo? —me contestó—. ¿Hasta dónde le va a llevar su absurda curiosidad? ¿Es que quiere crear, también, un ser diabólico, enemigo suyo y del mundo? Si no, ¿a dónde quiere ir aparar con sus preguntas? ¡No insista! Aprenda de mis sufrimientos, y no se empeñe en aumentar los suyos.
Frankenstein observó que tomaba notas de su narración; quiso verlas, y él mismo las corrigió y aumentó en muchos puntos; sobre todo en los diálogos con su enemigo, a los que dotó de mayor autenticidad.
—Ya que ha anotado usted mi narración —dio—, no quisiera que la posteridad la heredara en forma mutilada.
Asà ha transcurrido una semana, escuchando la historia más extraña que jamás hubiera podido concebir imaginación alguna. El interés que siento por mi huésped, y que ha despertado tanto su relato como la nobleza y dulzura de su carácter, me ha seducido la mente y el alma por completo.