Frankenstein
Frankenstein Has leído este extraño e impresionante relato, Margaret; ¿no sientes que, como a mí aún ahora, se te hiela la sangre en las venas? Había veces en que el sufrimiento lo vencía, y no podía continuar su narración; otras, con voz entrecortada y conmovedora, pronunciaba con dificultad las palabras tan repletas de dolor. A veces los ojos hermosos y expresivos le brillaban con indignación; otras, el dolor los apagaba y llenaba de tristeza. A veces podía controlar sus sentimientos y palabras y narraba los más horrendos sucesos con voz serena, suprimiendo toda señal de agitación; pero de pronto, como un volcán en erupción, su rostro tomaba una expresión de fiereza, y, lanzaba mil insultos contra su perseguidor.
La historia es coherente y la ha contado con la naturalidad que da la verdad más sencilla; pero te confieso que las cartas de Félix y Safie, que me enseñó, y la visión del monstruo que tuvimos desde el barco, me convencieron más que todas sus afirmaciones, por muy coherentes y convincentes que parecieran. No tengo ninguna duda, pues, de que existe semejante monstruo; pero sin embargo estoy lleno de asombro y admiración. He intentado que Frankenstein me cuente en detalle la creación del ser; pero sobre este punto permaneció inescrutable.