Frankenstein
Frankenstein »Tras la muerte de Clerval regresé a Suma con el corazón destrozado. SentÃa compasión por Frankenstein, y mi piedad se fue tornando en horror, hasta tal punto que me aborrecÃa a mà mismo. Pero al descubrir que él, el autor de mi existencia a la vez que de mis atroces desdichas, se atrevÃa a esperar la felicidad; que, mientras por su culpa se acumulaban sobre mà tormentos y aflicciones, él buscaba la satisfacción de sus sentimientos y pasiones, satisfacción que a mà me estaba vedada, una envidia incontrolable y una punzante indignación me atenazaron con la insaciable sed de la venganza. Recordé mi amenaza y decidà llevarla a cabo. SabÃa que yo mismo me estaba preparando una terrible tortura; pero me encontraba esclavo, no dueño, de un impulso que detestaba, pero no podÃa desobedecer. Mas cuando ella murió, no experimenté ningún pesar. En lo inmenso de mi desesperación, habÃa conseguido desechar todos mis sentimientos y ahogar todos mis escrúpulos. A partir de ahÃ, el mal se convirtió para mà en el bien. Llegado a este punto ya no tenÃa elección; adapté mi naturaleza al estado que habÃa escogido voluntariamente. El cumplimiento de mi diabólico proyecto se convirtió en una pasión dominante. Y ahora se ha terminado, ¡ahà yace mi última vÃctima!