Frankenstein
Frankenstein Y ahora te contaré una pequeña historia que te gustará e incluso quizá te entretenga un rato. ¿Te acuerdas de Justine Moritz? Probablemente no, asà que te resumiré su vida en pocas palabras. Su madre, la señora Moritz se quedó viuda con cuatro hijos, de los cuales Justine era la tercera. HabÃa sido siempre la preferida de su padre, pero, incomprensiblemente, su madre la aborrecÃa y, tras la muerte del señor Moritz, la maltrataba. Mi tÃa, tu madre, se dio cuenta, y cuando Justine tuvo doce años convenció a su madre para que la dejara vivir con nosotros. Las instituciones republicanas de nuestro paÃs han permitido costumbres más sencillas y felices que las que suelen imperar en las grandes monarquÃas que lo circundan. Por ende hay menos diferencias entre las distintas clases sociales de sus habitantes, y los miembros de las más humildes, al no ser ni tan pobres ni estar tan despreciados, tienen modales más refinados y morales. Un criado en Ginebra no es igual que un criado en Francia o Inglaterra. Asà pues, en nuestra familia Justine aprendió las obligaciones de una sirvienta, condición que en nuestro afortunado paÃs no conlleva la ignorancia ni el sacrificar la dignidad del ser humano.