Carmilla
Carmilla »—Guárdeme el sitio, general; volveré en cuanto hayamos hablado unos momentos.
»Y, con esta orden, dada juguetonamente, se apartó un poco con el caballero de negro, y habló con él unos minutos, de un modo en apariencia muy vehemente. Luego se alejaron, caminando lentamente, entre la muchedumbre, y les perdà de vista durante unos minutos.
»Me dediqué, en el intervalo, a devanarme los sesos tratando de adivinar la identidad de aquella dama, que parecÃa recordarme tan afectuosamente; y estaba pensando en unirme a la conversación entre mi bonita pupila y la hija de la condesa, pensando que quizá, para cuando volviera, podrÃa tenerle preparada la sorpresa de saberme al dedillo su nombre, su tÃtulo, su château y sus posesiones. Pero en aquel momento volvió, acompañada por el pálido hombre de negro, el cual dijo:
»—Volveré a informar a Madame la Comtesse cuando su carruaje esté en la puerta.
»Se retiró con una reverencia.