Carmilla
Carmilla »—Me conocerá —dijo—, pero no ahora. Somos amigos más viejos y mejores, quizá, de lo que sospechaba. Sin embargo, no puedo darme a conocer todavÃa. Dentro de tres semanas pasaré por su hermoso schloss, sobre el que he estado inquiriendo. Entonces le haré una visita de una o dos horas, y renovaremos una amistad en la que jamás pienso sin un millar de recuerdos agradables. En este momento me ha caÃdo encima una noticia, como un rayo. Ahora debo marcharme, y viajar por una ruta apartada cerca de cien millas, todo lo aprisa que pueda. Mis problemas se multiplican. Tan sólo la obligada reserva en que le mantengo a usted mi nombre me impide hacerle una petición realmente singular. Mi hija no ha recobrado todavÃa del todo sus fuerzas. Su caballo la hizo caer durante una cacerÃa que habÃa ido a presenciar; sus nervios no se han recobrado todavÃa del susto, y nuestro médico dice que por nada del mundo debe someterse a ningún esfuerzo durante algún tiempo. Ahora tengo que viajar noche y dÃa en una misión de vida o muerte… Una misión cuyo carácter crÃtico y urgente podré explicarle cuando nos veamos, según espero, dentro de unas pocas semanas, sin necesidad ya de ocultar nada.