Carmilla
Carmilla »Siguió adelante en su petición, y lo hizo en el tono de alguien para quien semejante solicitud equivalÃa más a conceder un favor que no a pedirlo. Eso era tan sólo en su manera, y lo hacÃa, según parecÃa, de un modo absolutamente inconsciente. En cuanto a los términos con que se expresó, nada podrÃa ser tan suplicante. Se trataba, sencillamente, de que yo consintiera en tomar bajo mis cuidados a su hija durante su ausencia.
»Era ésa, bien mirado, una petición extraña, por no decir atrevida. En cierto modo, me desarmó exponiendo y admitiendo todo lo que podÃa argüirse en contra, y poniéndose enteramente en manos de mi caballerosidad. En el mismo instante, por una fatalidad que parece haber determinado anticipadamente todo lo que ocurrió, mi pobre niña vino a mi lado y, en voz baja, me suplicó que invitara a visitarnos a su nueva amiga, Millarca. La habÃa estado sondeando, y pensaba que, si su mamá se lo permitÃa, a ella le gustarÃa mucho.