Carmilla
Carmilla »Le contó a mi pobre niña una historia que explicaba el que no se hubiera unido a nosotros durante tanto rato. Era muy tarde, dijo, cuando había entrado en el dormitorio del ama de llaves, desesperada por encontrarnos, y allí había caído en un profundo sueño que, pese a su duración, apenas había bastado para reponerle las fuerzas tras las fatigas del baile.
»Aquel día, Millarca se vino a casa con nosotros. Yo me sentía muy feliz, a fin de cuentas, de haberle encontrado una compañera tan encantadora a mi querida niña.