Carmilla
Carmilla »Primero la visitaron sueños aterradores; luego, según ella se imaginó, fue un espectro, que se parecía un tanto a Millarca, a veces en forma de una bestia indistintamente percibida que caminaba al pie de la cama, de lado a lado. Finalmente, surgieron las sensaciones. Una de ellas, no desagradable, pero sí muy peculiar, según decía, se parecía al fluir de una corriente helada contra su pecho. Posteriormente, sintió algo así como si la perforaran un par de agujas, un poco por debajo de la garganta, produciéndole un dolor muy agudo. Unas pocas noches después vino una sensación gradual y convulsiva de estrangulación; luego vino la inconsciencia».
Yo podía oír distintamente todas y cada una de las palabras que el amable y anciano general estaba diciendo, porque, por entonces, avanzábamos por encima de la hierba corta que se extiende a lado y lado del camino cuando uno se aproxima al pueblo destechado del que no había surgido el humo de una chimenea en más de medio siglo.