Carmilla
Carmilla Conclusión
Supondrás que escribo todo esto con serenidad. Nada de eso; no puedo pensar en ello sin inquietud. Tan sólo tu vehemente deseo, tan repetidamente manifestado, podía inducirme a poner manos a la obra en una tarea que me ha trastornado los nervios por meses y ha reavivado una sombra del indecible horror que, años después de mi liberación, seguía haciendo horribles mis días y mis noches, y la soledad insoportablemente aterradora.
Permíteme añadir un par de palabras sobre el extraño barón Vordenburg, a cuya curiosa ciencia debimos el descubrimiento de la tumba de la condesa Mircalla.