Carmilla
Carmilla El vampiro está aparentemente sujeto, en ciertas situaciones, a unas condiciones especiales. En el caso particular que te he relatado, Mircalla parecía verse limitada a un nombre que, aun no siendo su nombre real, reproducía al menos, sin omisión ni adición de una sola letra, aquellas que, como decimos, anagramáticamente lo componen. Carmilla hizo esto, y también Millarca.
Mi padre le contó al barón Vordenburg, que se quedó con nosotros dos o tres semanas después de la expulsión de Carmilla, la historia del noble moravo y el vampiro del cementerio de Karnstein, y luego le preguntó al barón cómo había descubierto la posición exacta de la tumba, tanto tiempo oculta, de la condesa Mircalla. Las grotescas facciones del barón se arrugaron en una sonrisa misteriosa; bajó la mirada, sin dejar de sonreír, a su estuche de gafas, y jugueteó con él. Luego alzó la mirada, y dijo: