Carmilla
Carmilla —Poseo muchos diarios, y otros documentos, escritos por ese hombre notable; el más curioso es uno que trata de la visita a Karnstein a la que usted se refiere. La tradición, naturalmente, decolora y distorsiona un poco. PodÃa designársele como un noble moravo, ya que habÃa trasladado su residencia a ese territorio y era, además, un noble. Pero, en realidad, era nativo de la Estiria Superior. Baste con decir que, en su primera juventud, habÃa sentido un amor apasionado y recompensado por la hermosa Mircalla, condesa de Karnstein. Su temprana muerte le sumió en un dolor inconsolable. Está en la naturaleza de los vampiros el aumentar y multiplicar su número, pero según una ley conocida y espectral.
»Supongamos, para comenzar, un territorio completamente libre de esa peste. ¿Cómo se inicia, y cómo se multiplica? Se lo contaré. Cierta persona, más o menos malvada, pone fin a su vida. Un suicida, bajo ciertas circunstancias, se convierte en un vampiro. Ese espectro visita a gente viva mientras duerme; ellos mueren, y, casi invariablemente, en la tumba, se transforman en vampiros. Esto ocurrió en el caso de la hermosa Mircalla, que habÃa sido frecuentada por uno de esos demonios. Mi antepasado, Vordenburg, cuyo tÃtulo llevo todavÃa, no tardó en descubrirlo, y, en el curso de los estudios a los que se entregó, aprendió muchas más cosas.