Carmilla

Carmilla

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La dama arrojó sobre su hija una mirada que me pareció no ser todo lo afectuosa que hubiera podido preverse con base en el comienzo de la escena; luego le hizo a mi padre una breve seña con la cabeza, y se apartó con él algunos pasos, donde no pudieran ser oídos; y le habló con expresión rígida y severa, en nada semejante a aquella con la que había hablado hasta entonces.

Yo estaba llena de asombro de que mi padre pareciera no percibir el cambio, y también tenía una indecible curiosidad por averiguar qué podía estar diciéndole, casi al oído, con tanta vehemencia y velocidad.

Dos o tres minutos como mucho, según creo, se mantuvo en aquella ocupación; luego se volvió, y en unos pocos pasos llegó donde yacía su hija, asistida por Madame Perrodon. Se arrodilló un momento junto a ella y le susurró al oído, según supuso Madame, una breve bendición; luego, tras besarla apresuradamente, volvió a subir al carruaje, se cerró la puerta, los lacayos, con espléndidas libreas, se subieron detrás de un salto, los jinetes delanteros espolearon a sus bestias, los postillones hicieron chasquear sus látigos, los caballos rompieron súbitamente en un brioso trote que amenazaba con no tardar en volver a convertirse en un galope, y el carruaje avanzó velozmente, seguido, al mismo ritmo rápido, por los dos jinetes de retaguardia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker