Carmilla
Carmilla Era mi turno de relatar mi correspondiente visión, cosa que hice, ante el no disimulado asombro de mi nueva amiga.
—No sé cuál deberÃa asustarse más de la otra —dijo, volviendo a sonreÃr—. Si fueras menos bonita, creo que tendrÃa mucho miedo de ti, pero, siendo como eres, y siendo tanto tú como yo tan jóvenes, tan sólo tengo la sensación de haberte conocido hace doce años, y tener ya un derecho a tu intimidad; de cualquier modo, me parece como si hubiéramos estado destinadas, desde nuestra primera infancia, a ser amigas. Me pregunto si tú te sentiste tan extrañamente atraÃda hacia mà como yo hacia ti; yo nunca he tenido una amiga…, ¿encontraré ahora una? —suspiró; y sus hermosos ojos oscuros me miraron apasionadamente.
Ahora bien, lo cierto es que sentÃa una sensación extraña hacia la hermosa forastera. Me sentÃa, como ella decÃa, «atraÃda hacia ella», pero habÃa también algo de repulsión. En ese sentimiento ambiguo, sin embargo, la atracción prevalecÃa inmensamente. Me interesaba y me fascinaba; ¡era tan hermosa y tan indescriptiblemente atractiva!
Me di cuenta de que cierta languidez y cansancio se deslizaban en ella, y me apresuré a desearle las buenas noches.