Carmilla
Carmilla —El médico piensa —añad× que deberÃas tener a una doncella atendiéndote esta noche; una de las nuestras está esperando, y verás que es una criatura útil y sosegada.
—Eres muy amable, pero no podrÃa dormir. Jamás podrÃa con una criada en la habitación. No necesitaré ninguna ayuda… Y, te voy a confesar mi debilidad, me atormenta el terror de los ladrones. Nuestra casa fue robada en una ocasión, y dos sirvientes fueron asesinados; de modo que cierro con llave mi habitación. Se ha convertido en una costumbre… y pareces tan amable que estoy segura de que me perdonarás. Veo que hay llave en la cerradura.
Me apretó fuertemente entre sus lindos brazos durante unos momentos, y me susurró al oÃdo:
—Buenas noches, querida, es muy duro separarse de ti, pero buenas noches; mañana, aunque no temprano, volveré a verte.
Se dejó caer sobre la almohada con un suspiro, y sus bonitos ojos me siguieron con una mirada amorosa y melancólica; y volvió a murmurar:
—Buenas noches, querida amiga.