Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Es imposible equivocarse con el tétanos —respondió el médico—. Nadie que haya visto el cadáver de un muerto por tétanos podrÃa hacerlo, aunque sea lego.
Barton se quedó pensativo.
—Esta pregunta quizás le parezca más infantil aún —dijo Barton—, dÃgame antes una cosa, por favor… ¿En el extranjero, en Nápoles, por ejemplo, es cierto que no se observa la conveniente disciplina en los hospitales? ¿Es posible que se den errores en sus archivos, que escriban el nombre de un enfermo por el de otro, en fin, ese tipo de cosas?
El doctor Richards le dijo que no disponÃa de los elementos de juicio necesarios para darle una respuesta.
—Bien, pues le haré mi última pregunta —anunció Barton—, seguramente se reirá usted de mÃ, pero tengo que hacérsela… ¿Hay entre la inmensa cantidad de enfermedades que pueden asaltar a los humanos, alguna que encoja el cuerpo, que lo reduzca, en fin, pero sin alterar las facciones del enfermo, sólo su estatura? ¿Puede haber alguna enfermedad, alguna fiebre exótica y no muy conocida, que actúe de esa manera en el cuerpo humano?
El médico volvió a sonreÃr, negando con la cabeza.