Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Bueno, pues dÃgame entonces —siguió Barton, abruptamente ahora—, si una persona que tiene razones sobradas para sentirse perseguida por un loco puede denunciarlo a las autoridades para que lo arresten y encarcelen…
—En realidad —dijo el médico—, me habla usted de algo que tiene que ver más con un abogado que conmigo… Creo que un hombre de leyes sabrá decirle qué hacer…
Se despidió el médico; llegaba ya a la puerta del vestÃbulo cuando recordó que se habÃa dejado en la planta alta su bastón, asà que subió de nuevo la escalera. Verle entrar pareció molestar al capitán Barton.
El médico observó que en la chimenea se quemaba un papel recién arrojado al fuego, la receta que él mismo le habÃa extendido poco antes; el capitán Barton, con la expresión desencajada, contemplaba cómo ardÃa el papel, pero el doctor Richards era un hombre de mucho tacto y no se permitió hacerle la menor observación; habÃa visto, además, lo suficiente como para saber que los males de aquel hombre no eran del cuerpo sino de su alma.
DÃas más tarde apareció en todos los periódicos de DublÃn el siguiente anuncio: