Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius En aquel estado nada le afectaban los temores que antes le oprimÃan el pecho y apartaban de la vida en sociedad. Mas, según avanzaba la noche, aquella alegrÃa, puramente artificial, fue esfumándose poco a poco y volvieron a asaltarle las lúgubres angustias de otros dÃas.
Se despidió al fin de las damas, poseÃdo ya de los más negros presentimientos, que no querÃa reconocer; pero era incapaz de liberar su pecho de aquellas funestas sensaciones.
Mostraba, sin embargo, un orgulloso desprecio hacia sus propios temores, pues se decÃa que no podÃa consentir por más tiempo en esa debilidad, impropia de su carácter. Y asà se vio inmerso en los hechos que relataré a continuación.
Mr. Barton pudo haber tomado un coche para regresar a su hospedaje, pero dispuesto a vencer de una vez por todas aquella angustia, que tenÃa por mera superstición, lo que aún le incomodaba más consigo mismo, decidió irse caminando por la misma calle de siempre, aquella en la que empezó a sufrir la persecución… Es verdad que podÃa haber seguido otro camino, pero decidió que no era propio de un hombre valiente como él. AsÃ, tan terco y obstinado como temeroso, temblando de miedo pero sin consentir en su pánico, decidió enfrentarse de una vez por todas a sus sufrimientos, para vencerlos merced a su fuerza de voluntad.