Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Según se expresaba Barton, crecÃa su agitación a tales extremos que su discurso parecÃa incoherente, lo que alarmó sobremanera al clérigo. La vehemencia imparable con que brotaban las palabras del capitán, y sobre todo, el horror pintado en su cara, la angustia de sus ojos, en nada hacÃan recordar ya a aquel hombre que siempre habÃa mostrado la mayor sangre frÃa y hasta una sonrisa displicente.
Mr. Barton expone su caso
—Mi querido amigo —le dijo el reverendo Macklin aprovechando una pausa—. Ya me hago cargo de sus sufrimientos, que supongo indecibles… No obstante, me atrevo a sugerirle que su depresión nerviosa quizás se deba a causas simplemente fÃsicas; acaso, por ello, un cambio de aires, y unos remedios, algún tónico para los nervios, le vengan bien y le devuelvan la tranquilidad de espÃritu que ahora le falta. Las antiguas teorÃas, que atribuÃan el origen de las afecciones cerebrales a la pereza o al exceso de actividad de uno de los cuatro órganos corporales, puede que aún sean más ciertas de lo que a menudo queremos creer… Me parece que lo que usted precisa para recobrar su estado es un régimen estricto, hacer algo de ejercicio… Los cuidados, en fin, de un médico…