Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Doctor Macklin —dijo de pronto en tono de súplica, levantándose—, sé que hará usted por mà cuanto le sea posible. Ya conoce todos los detalles, ya sabe cuán grande es mi sufrimiento, ante el que nada puedo hacer yo solo, salvo seguir pasivo pues no tengo defensa… Si usted se cree en disposición de prestarme ayuda mediante la oración, rogando a Dios por mÃ, o merced a cualquier forma de sortilegio, en el nombre del Creador le pido que haga cuanto esté a su alcance para librarme de este tormento que sufro… Rece por mÃ, llore por mÃ, apiádese de mÃ, por favor, se lo suplico… No puede usted negarse… Bien, esto es cuanto querÃa decirle. Por favor, deme usted alguna esperanza, aunque sea remota; dÃgame que podré verme libre de esta terrible opresión; una sola palabra suya, reverendo, bastará para hacerme fuerte y ayudarme a resistir esta lamentable pesadilla que es mi existencia presente.
Le dijo el reverendo doctor Macklin que lo único que estaba a su alcance era rezar, remedio que no le escamotearÃa… Barton se despidió breve y melancólicamente; raudo se metió en el coche que le esperaba a la entrada de la casa, corrió las cortinillas de las ventanas y partió.