Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Usted ha visto varias veces a esa persona, ¿cierto? —trató de rehacerse el clérigo—, ¿por qué no se ha dirigido con energÃa a ese hombre? ¿No le parece incongruente dar por establecida la existencia de un agente sobrenatural, cuando acaso probablemente se pueda encontrar una explicación más sencilla a la cólera de ese hombre, si se preocupa usted de encontrarla?
—Es que se dan ciertas circunstancias relacionadas con esa… aparición… No es necesario —dijo Barton muy serio— revelarlas, aunque sà le digo que para mà constituyen pruebas evidentes de la naturaleza espantosa y sobrenatural de ese ser; sé bien, reverendo, que quien me persigue no es humano… PodrÃa demostrárselo —hizo una pausa larga el capitán y prosiguió—: En cuanto a lo que me sugiere, hacerle frente con brÃo, sólo puedo decirle que no soy capaz. ¡Cuando se me aparece quedo paralizado, hechizado! Es como si viese a la muerte bajo la apariencia de un poder triunfal, sobrehumano y maléfico. Me quedo sin fuerzas, reverendo; me faltan las palabras, el pensamiento, la memoria… ¡Dios mÃo, doctor Macklin! Mucho me temo que no puede hacerse usted una idea de lo que me ocurre… ¡Dios, ayúdame!
Apoyó Barton los codos sobre la mesa, se tapó los ojos con las manos, como si no quisiera contemplar algo espantoso, y sin dejar de pedir ayuda a Dios comenzó a sollozar.