Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Estoy seguro de oÃr el aullido del viento —dijo el doctor Macklin tratando de serenarse—. DÃgame usted qué debo considerar… ¿Hay algo de particular en el aullido del viento?
—Piense en el PrÃncipe de los Poderes del Viento —le dijo Barton temblando.
—Bueno, mi querido amigo, bueno —dijo el erudito haciendo un gran esfuerzo por dominarse en la desazón que lo embargaba; aun hallándose a plena luz del dÃa, aun tratando de observar con absoluta ponderación un fenómeno natural como el viento, la turbación del otro parecÃa contagiársele—. No se deje llevar por esas fantasÃas, tiene usted que hacer frente a su propia imaginación…
—SÃ, claro… Haz frente al Diablo y él huirá de ti —dijo Barton en tono solemne—, ¿cómo resistÃrsele? He ahà el problema… ¿Qué debo hacer, reverendo? ¿Qué puedo hacer, en realidad?
—Querido amigo, todos sus males son imaginarios. Usted es su propio perseguidor —concluyó el sabio.
—No, nada de eso —protestó Barton—. La imaginación y la fantasÃa nada tienen que ver con esto. ¡Males imaginarios! ¿Eran imaginarias esas voces infernales que usted también ha oÃdo? La imaginación aquà no cuenta, reverendo.