Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Bajó el paso, sosegó su respiración; bajó también el bastón que llevaba en alto, presto para sacudir con él al insolente. Se caló muy dignamente el sombrero y regresó a la casa donde se alojaba el capitán Barton, simulando una tranquilidad que estaba muy lejos de ser cierta; por el contrario, se sentía burlado, despreciado por aquel sujeto, lo que le llevaba a experimentar una furia interior que a duras penas sofocaba.
Barton estaba tan pálido como antes. Tembloroso, se quedó mirando en silencio al general, que nada le dijo; ambos eran presos de emociones muy distintas.
Barton, al fin, acertó a musitar unas palabras.
—¿Lo ha visto? —dijo.
—¿A eso? —dijo el general con desprecio, reprimiendo a duras penas sus nervios—. Sí, lo he visto; o al menos he visto a alguien que se corresponde con la descripción hecha… Pero, a fin de cuentas, qué más da si lo he visto o no… La verdad es que ese canalla corre como un poseso… Me hubiera gustado cazarlo, la verdad, pero ya se había ido antes de que bajara a la calle, me temo… Bueno, amigo mío; dejémoslo estar, que la cosa no tiene importancia. A la próxima tendré más suerte, se lo prometo… Si vuelvo a echarle la vista encima tenga por seguro que después le caerá mi bastón y lo moleré a palos… Voy a descargarle tantos golpes en la espalda que le hundiré los hombros aún más de lo que los tiene.