Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Me parece, Mr. Peters, que en el fondo se trata de una traición… Aquà se vislumbra derramamiento de sangre… Bien, creo que el fiscal general de Su Majestad sabrá hacer frente a este asunto… ¿Cuándo volveré a saber de usted, caballero?
—Mañana, si asà me lo permite, antes de que se constituya el tribunal que ha de presidir su señorÃa, o después de que suspenda sus actividades… Quiero darle las últimas novedades.
—De acuerdo, Mr. Peters. Lo recibiré mañana, a las nueve. Pero permÃtame recomendarle que no me engañe ni urda treta alguna; si pretendiera usted hacerme chantaje, no puedo por menos que asegurarle que pasarÃa el resto de sus dÃas con grilletes.
—No tiene nada que temer de mÃ, señor. Si no hubiera deseado pacificar mi conciencia, poniéndome como lo he hecho a su servicio, no habrÃa venido hasta aquÃ.
—Le creo, Mr. Peters; es más, necesito creerle, puede estar seguro.
Después fue cuando se despidieron.
Mientras lo hacÃan, se dijo el juez Harbottle: «O se ha caracterizado bien, muy bien, o está realmente mal, muy enfermo».