Los archivos del doctor Hesselius

Los archivos del doctor Hesselius

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando el anciano se volvió a él, antes de salir de la casa, para hacerle una cortés reverencia, el juez le pudo ver el rostro mejor iluminado, por la luz más fuerte que había en el vestíbulo, y sintió vagamente que no era el de aquel hombre un rostro normal, el de un anciano común.

—¡Maldito, ha estado a punto de echarme a perder la fiesta! —masculló el juez al fin, mientras subía la escalera para reunirse con sus invitados.

Nadie, empero, le notó nervioso; nadie supo de sus cuitas; por su actitud parecía el de siempre.

Capítulo III

Lewis Pyneweck

Mientras, el criado enviado por el juez tras Mr. Peters lo alcanzaba casi de inmediato. El anciano, al oír los pasos a sus espaldas, se detuvo tranquilamente; fueran los que fuesen sus temores primeros, le desaparecieron al verlo con la librea de la casa del juez. Agradeció el acompañamiento que le brindó el joven, así como su brazo para apoyarse. Pero apenas habían recorrido así un breve trecho, se detuvo Mr. Peters y exclamó:

—¡Dios mío, la he perdido! ¿La ha oído caer usted? Me temo que no pueda agacharme para buscarla, y además, mis ojos… Si me ayuda a buscarla le daré la mitad, amigo mío… ¡Es una guinea, nada menos! La llevaba metida en mi guante, pero…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker