Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —¡Que el cielo se lleve a ese maldito ladrón! —gritó el juez levantándose de su asiento, como solÃa hacerlo en los juicios cuando estaba in furore, con un gesto brutal en la boca y con ojos que parecÃan a punto de saltársele—. Si para darte contento te atreves a responder a su carta desde mi propia casa, para mi propio placer te aseguro que la próxima la escribirás en una mazmorra… DeberÃas entender, mi preciosa bruja, que no puedo consentirte todos los caprichos que me pidas… ¡Vamos, deja de lloriquear, no conseguirás ablandarme! ¡Pero si ese canalla nada te importa! ¡Ni su cuerpo ni su alma te importan ya! Viniste a mà sólo para castigarle… Eres como una de las gallinas de la Madre Carey[14]—, allá donde vas se desencadena la tormenta. Pero no quiero verte más, malvada. ¡Lárgate de una vez y déjame en paz!