Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Ordenó después al cochero que estuviera alerta, para avisarle de la llegada de los abogados Thavies y Beller, sus amigos y compañeros de francachelas; bostezó un par de veces más, se quitó el bonete, que puso sobre sus rodillas, cerró los ojos, se recostó en un rincón, se tapó con la pequeña manta de viaje y como mecido por el sueño, pero sin dormirse, comenzó a pensar con deleite en la hermosura de Mrs. Abington[17].
Era, no obstante, un hombre que tenía el sueño ligero de los marinos, y se despertaba al momento, cuando era necesario, levantándose de inmediato, sin remolonear. Por eso no se resistió al sueño que poco después comenzó a invadirle. Sabía bien que sus amigos tardarían lo que les viniese en gana, pues en nada les preocupaba hacer esperar a todo un magistrado.