Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —¿Se encuentra en la sala Lewis Pyneweck, el demandante? —preguntó el doble del Juez Superior, con una voz que restalló en la sala y rebotó en los corredores próximos haciendo que temblaran las paredes.
Pyneweck se puso de pie ante el estrado.
—¡Puede formular usted sus acusaciones contra el detenido! —le dijo el magistrado con voz rugiente, y el juez Harbottle sintió que todo temblaba en derredor suyo por la vibración de aquella voz espantosa.
El acusado dijo entonces que no reconocía al tribunal, porque desde un punto de vista legal no tenía entidad, por lo que aquel intento de juicio era una farsa. Añadió que, aun en el supuesto caso de que se hubiera constituido el tribunal de acuerdo con lo ordenado en la normativa vigente, no podía tener atribuciones jurídicas para juzgarlo por supuesto comportamiento prevaricador en el ejercicio de sus funciones, cosa que, en última instancia, correspondería a los tribunales ordinarios.