Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Tiré del abrigo a mi padre, y le susurré al oÃdo con vehemencia:
—¡Oh, papá!, os lo ruego, pedidle que la deje con nosotros… SerÃa tan agradable. Por favor, hacedlo.
—Si Madame confÃa su niña al cuidado de mi hija y de su buena gouvernante, Madame Perrodon, y le permite quedarse como huésped nuestra, bajo mi responsabilidad, hasta su vuelta, nos estarÃa otorgando con ello una distinción y una obligación, y la tratarÃamos con toda la atención y la devoción que merece tan sagrada confianza.
—No puedo hacer eso, señor. SerÃa abusar demasiado cruelmente de vuestra gentileza e hidalguÃa —dijo la dama, un poco confusa.