Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —SerÃa, al contrario, concedernos un gran favor, justamente en el momento en que más lo necesitamos. Mi hija acaba de sentirse contrariada al enterarse del cruel infortunio padecido por una persona, de cuya visita esperaba, desde hacÃa mucho tiempo, obtener una gran felicidad. Si confiáis esta joven a nuestro cuidado, será éste su mejor consuelo. El pueblo más cercano en vuestra ruta queda lejos, y no posee la clase de posada en la que se os ocurrirÃa dejar a vuestra hija. No podéis permitir que continúe su viaje durante un trayecto considerable sin ponerla en peligro. Si, como decÃs, os es imposible suspender vuestro viaje, deberÃais separaros de ella esta noche, y en ninguna parte podréis hacerlo con mayores y más razonables garantÃas de cuidados y cariño que aquÃ.
Dejando de lado la magnificencia de su séquito, habÃa algo tan distinguido, e incluso tan imponente, en el semblante y en el porte de aquella dama, y algo tan llamativo en sus modales, como para convencer a cualquiera de que se trataba de una persona de alto rango.
Mientras tanto, el coche habÃa sido devuelto a su posición vertical, y los caballos, completamente dóciles, estaban enganchados de nuevo.