Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Querida mÃa, vuestro corazoncito está herido. No me juzguéis cruel por acatar la ley irresistible de mi fuerza y mi debilidad. Si vuestro corazón está sinceramente herido, el mÃo sufre espantosamente con el vuestro. En el éxtasis de mi enorme humillación, vivo en vuestra cálida vida, y vos moriréis… moriréis, dulcemente moriréis… en la mÃa. No puedo evitarlo. Asà como yo me acerco a vos, a su vez, vos os acercaréis a otros, y conoceréis el éxtasis de esa crueldad, que, sin embargo, es una forma de amor. De modo que, por ahora, no tratéis de saber nada más de mà y de lo mÃo, sino que confiad fielmente en mà con toda vuestra alma.
Y después de haber hablado con tanto entusiasmo, me apretó más estrechamente en un abrazo tembloroso, y sus labios inflamaron poco a poco mis mejillas con dulces besos.
Su nerviosismo y su lenguaje me resultaban incomprensibles. Debo admitir que solÃa desear liberarme de aquellos insensatos abrazos, los cuales no se producÃan con demasiada frecuencia. Mas parecÃan faltarme energÃas para ello. Sus palabras susurrantes sonaban en mis oÃdos como una canción de cuna, y apaciguaban mi resistencia en una especie de trance, del cual parecÃa recobrarme solamente cuando ella retiraba sus brazos.