Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —No, no —me corrigió el reverendo—, no es que pertenezca a la escuela materialista… Es un materialista. No puede hacerse usted una idea de la medida en que eso puede alterar a quien posee otros conocimientos más verdaderos… Por favor, no diga usted a nadie, ni siquiera lo comente con mis amigos, aunque bien lo saben, que padezco de melancolÃa. Saben ellos de mis sufrimientos, pero no que he visitado en su calidad de médico al doctor Harley… No lo sabe ni Lady Mary… Me tranquiliza saber que, si notara próximo un ataque de mi enfermedad, podré escribirle, o hablar con usted tranquilamente si me sucede lo mismo hallándose usted aquÃ.
Ante sus palabras no podÃa yo más que hacer conjeturas varias, pero de golpe me di cuenta de que tenÃa clavados mis ojos en él, acaso indiscretamente, pues bajó el reverendo la mirada.
—Me parece —dijo— que cree usted que serÃa conveniente que se lo contara todo ahora mismo… SÃ, quizás sea mejor, asà no se hará usted una composición de lugar equivocada. Renuncie, en cualquier caso, a sus conjeturas; le aseguro que, aunque se pasara lo que le resta de vida haciéndoselas, jamás sabrÃa qué es realmente lo que me ocurre.