Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —SÃ, mucho. Padecà esta misma enfermedad. Mas lo he olvidado todo, excepto la debilidad y el sufrimiento. Y no eran tan malos como los que se padecen con otras enfermedades.
—¿Erais muy joven entonces?
—Supongo. Mas no hablemos más de eso. No querréis herir a una amiga, ¿verdad?
Me miró lánguidamente a los ojos, y me rodeó la cintura con su brazo cariñosamente, llevándome fuera de la habitación. Mi padre estaba ocupado, consultando unos documentos cerca de la ventana.
—¿Por qué a vuestro padre le gusta asustarnos? —dijo la joven, suspirando y estremeciéndose un poco.
—No le gusta, querida Carmilla. Nada más lejos de su intención.
—Querida, no estaréis asustada, ¿verdad?
—Lo estarÃa, y mucho, si creyera que existe algún peligro real de ser atacada como esas infelices.
—¿Os asusta morir?
—SÃ, como a todo el mundo.