Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —¡Qué romántica sois, Carmilla! —exclamé—. Cuando me contéis la historia de vuestra vida, estoy convencida de que será como escuchar una novela.
Me besó en silencio.
—Estoy segura, Carmilla, de que habéis estado enamorada. Que en este mismo momento debéis de estar enredada en algún asunto del corazón.
—Jamás he estado enamorada de nadie, y nunca lo estaré —susurró—. Salvo que lo esté de vos.
¡Qué hermosa estaba Carmilla aquella noche a la luz de la luna!
Con un extraño arrebato de timidez, ocultó apresuradamente su rostro en mi cuello, entre mis cabellos, suspirando tan agitadamente que parecÃa a punto de sollozar. Y temblando, apretó con fuerza mi mano.
Su suave mejilla ardÃa contra la mÃa.
—Querida, querida mÃa —murmuró—. Yo vivo en vos, y vos moriréis por mÃ. Os amo tanto…
Me separé de ella.
Ahora me miraba con unos ojos de los que habÃa desaparecido cualquier vestigio de pasión o de intencionalidad, y su inexpresivo rostro habÃa perdido el color.
—¿No está demasiado frÃo el ambiente, querida? —dijo, con apatÃa—. Casi estoy temblando. ¿He estado soñando? Regresemos. Vamos, vamos, entremos en casa.